Alessia levi Mi infancia

Alessia levi Mi infancia

Mi infancia

 

Qué bonito sería traer de regreso a

Alguien del cielo… ¿Te imaginas?,

Pasar un día con esa persona….

Solamente un día… una última vez…

Darle un último abrazo, un último beso

Escuchar su voz nuevamente….

Tener otra oportunidad para decirle:

¡¡¡Te quiero, Te extraño!!!

Te amo con toda el alma.

Ahora eres un ángel,

Te extraño demasiado ¿sabes?

Anónimo

Nací en una casa de dos plantas rodeada de campas[1] y de caseríos. Un pueblo que crecía gracias a la Industria.

 

De esos años solo tengo imágenes muy concretas como si fueran postales grabadas en mi cabeza, como la casa donde nací. En ella había una cocina en la planta baja con un cuarto oscuro, como un sótano, tenía una balda con cosas y donde decían que habían ratas. Tenía un patio que sobresalía donde habían muchos gatos. El cuarto de arriba tenía una cama grande, un armario, un balcón y un coche de bebe.  Siempre había mucha gente mayor en casa.

 

Desde mi primer recuerdo, el que siempre está presente es mi primo Jorge, tiene un año más que yo, pero siempre estamos juntos. El tenía el pelo corto pero con remolinos, parecían rizos. El pelo era pelirrojo, tenía el cuerpo y la cara lleno de pecas, nariz chata y boca pequeña, sonrisa pícara ojos, castaños, delgado .

 

En una de esas imágenes que me vienen, estamos mi hermano Valen que tiene dos años más que yo, mi primo Jorge y algunos niños, estamos jugando con coches. Con los años, mi hermano me conto que nos odiaba porque le destruíamos todos los juguetes, solo por la curiosidad de saber que había dentro de ellos. No recuerdo bien, pero supongo que eran sus juguetes.

 

Mi primo Jorge y yo, siempre estábamos juntos, en la calle, en las campas, por los matorrales.

 

Recuerdo una muñeca que se parecía a un bebé encima de unos matorrales. Mi hermano me contó, que mi primo y yo la habíamos tirado por los aires y quedó allí atrapada, que el intentó recogerla pero que no pudo. Me la había regalado una tía mía y pertenecía a su hija, pero la pobre muñeca no duró mucho.

 

Había un caserío, era mucho más grande que en el que yo vivía. Allí habían dos niñas que era muy conocidas. Yo jugaba con ellas en la puerta de su casa. Había una mesa grande de madera y encima un plato verde. Alguna vez jugamos dentro, ellas eran dos años mayor que yo. En algunas ocasiones, dentro de la casa alguien se disfrazaba de bruja y nos asustaban, mientras que alguien cosía en una máquina de coser. Yo solía esconderme detrás de ellas.

 

Por  aquella época, nos hablaban del coco si no dormías y la historia del hombre de la maleta. Todas para que nos acostáramos y no diéramos guerras. Con el tiempo, nos confirmaron que era verdad, que el hombre se paseaba por los caseríos pidiendo y llevaba siempre una maleta, dormía donde podía  y nos habían advertido que si lo veíamos teníamos que irnos corriendo a casa.

 

Los más traviesos buscaban los sitios dormía para mirar lo que tenía en su maleta. En una ocasión nos metimos como en un cuadrado de piedra destruida, pero alguien gritó que venía el hombre del saco y todos corrimos, menos yo, que no podía subir de donde estaba y mi primo intentaba empujarme para salir, fue el único que se quedo para ayudarme.

 

Ese hombre de la maleta, nos enteramos que intentó entrar por el balcón de una de las casas donde yo vivía pero lo vieron y un vecino lo asustó, así que salió corriendo perdiendo la maleta. Algunos dijeron que querían raptar a mi hermana, que por aquel entonces era una recién nacida, pero no recuerdo haber visto su cara.

 

Otras historia que me contaron, es que solía  hacer los recorridos de un caserío a otro subida en un perro, con mi hermano al lado, debido a que en una ocasión, el hombre de la maleta nos salió por el camino, pero que no pasó nada porque un hombre mayor de los alrededores lo vio y salió con un palo a por él. Todos los vecinos estaban pendientes de los niños del lugar y por eso nos llevábamos al perro. Yo no me acuerdo de estas historias, pero con los años me las fueron contando.

 

También una hoguera grande con un muñeco colgado y todos alrededor del fuego luego. Patatas cocidas pero yo no las comía debían de ser mala comedora.

 

En todo esto había una higuera enorme, donde teníamos un columpio. Mis primos, los mayores, se subían a ella para jugar al escondite. Un día yo me subí también para esconderme, pero con tan mala suerte que me caí. Me hice daño en una rodilla, sangraba mucho y mi tía tuvo que curármela poniéndome un esparadrapo, que lo puso tan fuerte que casi no podía andar, así que cuando no me vio empecé a quitarme la mitad y me fui de nuevo a jugar a la calle. Aun conservo la cicatriz.

 

Mi hermano y mi primo empezaron los párvulos en un colegio de monjas y a mí me metió mi tía por enchufe (porque todavía no tenía la edad para entrar en parvulitos) para que mi madre pudiera hacer cosas. Tengo malos recuerdos de mi comienzo, yo tirando de mi tía mientras que una señora de pelo corto tiraba de mí. Lloraba en el recreo. Me viene a la cabeza el recuerdo una canción, la del jardín de rosas la más bella del rosal, pero no recuerdo como sigue. Tenía un cine el colegio. El uniforme era azul con blusa banca y una corbata, por Dios, a mí la corbata me estorbaba, así que me la quite en el recreo, me riñeron, allí todo eran normas. Tengo una foto de esa época, con el pelo cortado como un chico.

 

Recuerdo una mesa grande y unas tijeras, mi madre me contó que me corte el pelo yo solita días antes de hacerme la foto para el cole.

 

Solía esperar a mis primas mayores en unas escaleras y meternos en un cine teatro. Mi primo solía ir a buscarme a  clase, nos quedábamos un rato en ella. El limpiaba el encerado y yo la mesa de la profesora, así nos daban caramelos y siempre teníamos chuches. Luego las primas nos llevaban a casa a los tres.

 

En aquella época, mi hermano no tenía clase porque a su profesora la había atropellado un camión, durante un tiempo estuve dando vueltas a esa conversación, no entendía por qué no la podíamos volver a ver. Mi hermano estaba aprendiendo a leer, le enseñaba una señora vestida de negro que me daba mucho miedo. Era la casera de mis padres y la vecina de la casa de al lado. Siempre estaba de mal humor. Un día con mis amigas, entre en la casa, era muy oscura y la tenía decorada con muchas cosa y muchos cortinas. Era la más rica del pueblo en terrenos y vivienda. Había sido profesoras, una solterona como se decía antes.

 

Recuerdo una ventana que daba a un patio de un colegio, tenía una virgen en medio, como mi primo y yo nos colábamos para jugar en los columpios.

 

En poco tiempo iban a hacer pasar una autopista, por lo que los terrenos quedaban expropiados, dieron poco dinero. Teníamos que dejar ese mundo mágico para irnos a vivir con vecinos, mi madre estaba embarazada de su cuarto hijo, la mudanza no tardaría en producirse.

 

 

 

 

En la mudanza recuerdo como sacaban los muebles de la casa

Recuerdo mucha gente y apagar un cigarro con el pie, como me riñeron por eso.

 

Pronto dejamos esa casa, los compas, los caseríos y nos trasladamos a un bloque, al lado de mi primo. Se ha cabo las campas lo verde y la libertad.


[1]   Campas: tierra con hierbas salvajes y que nadie cultiva, sin arbolado, ni casas. Puede tener arboles alrededor.

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