Álvaro Ganuza El vals del placer

 

 Álvaro Ganuza  El vals del placer

el vals del placer

El vals del placer

1 Capítulo

Un fuerte portazo me despierta, es él, ya ha llegado a casa.

Veloz me levanto de la cama y a oscuras voy en busca de mi

hermano. Él aún es muy pequeño para saber lo que tiene que

hacer cuando papá llega a casa. Corro hasta su cuarto y

tapándole la boca con mi mano me lo llevo al minúsculo

armario botellero que hay en el pasillo de nuestras

habitaciones. Siempre está cerrado con llave pero desde hace

poco descubrí dónde la guarda “el monstruo”. Levanto como

puedo el gran jarrón que hay sobre el armario botellero ya

que a mis 9 años aún no tengo mucha fuerza, cojo la llave que

se encuentra debajo y rápidamente abro el armario. Gracias a

que “el monstruo” bebe mucho, el pequeño armario está casi

vacío y Drew entra fácilmente.

-No te muevas, no salgas, no llores, no grites… yo volveré a

buscarte.- le digo.

Sus pequeños ojos miel están aterrorizados cuando cierro

la puerta del armario. Corro de nuevo a mi cama justo en el

momento en que “el monstruo” llega al segundo piso donde

están nuestras habitaciones. Me meto en la cama y espero a

que él llegue, como casi todas las noches. Oigo los pasos que

se van acercando, despacio, crujiendo la madera del suelo

bajo sus botas. Empiezo a temblar y cerrando los ojos me

cubro aún más con la sábana y la manta. La puerta chirría, es

la señal de que en tres pasos me sacará de la cama con ira y

odio. Tengo miedo… pero no por mí, yo ya estoy

acostumbrado… es por mamá, sé que después de que caliente

conmigo irá a su habitación. Odio escuchar gritar a mamá… y

llorar… ella es muy buena…

-No te escondas maldita rata.- me descubre de la cama.

Y cogiéndome de un brazo y una pierna me arroja con

fuerza al suelo.

¡Ah! Me despierto nervioso con el pulso acelerado,

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tembloroso, empapado en sudor, sintiendo asfixia y con las

mejillas húmedas. Salgo de la cama y corro hacia la ventana,

desesperado por sentir aire… oxígeno.

Vestido con un pantalón de pijama, camiseta y descalzo

salgo al balcón de mi habitación, ansioso por inhalar el aire

puro de la noche de Beberly Hills.

Inspiro y expiro… inspiro y expiro tranquilizándome. Cubro

mi cara con las manos y apoyado en el gran ventanal, me

deslizo hasta quedar sentado en el suelo del balcón… ese

balcón del tercer piso de mi chalet al que no salía desde hacía

días. Las pesadillas han vuelto.

He pasado media hora sentado en la soledad y me levanto

para hacer lo único que realmente me calma en esta situación.

Bajo a la planta baja, cojo el teléfono y me siento en el sofá

con las piernas recogidas.

-Hola Drew.- susurro cuando me contesta.

Mi hermano pequeño, dos años menor, se encuentra en el

estado Nueva York terminando el último curso de Ingeniería

en la Universidad de Cornell.

-Siento haberte despertado.- me disculpo.

-Tranquilo, estaba a punto de levantarme. ¿Qué haces

despierto a esas horas?

Son las cinco de la madrugada en Los Ángeles.

-Lo de siempre…

-¿Han vuelto las pesadillas?- pregunta dando en el clavo.

-Sí.- le respondo tras un gran suspiro.

-Bueno calmate… estoy bien… tú estás bien.

Escuchar a mi hermano me tranquiliza y relajando la cabeza

en el sofá me paso la mano por el pelo.

-Tengo que vestirme para ir a la Universidad ¿estás mejor?

-Sí, joder siento llamarte cada vez que… pero es que me

calmas.- le digo.

-Lo sé Troy, no tienes que disculparte… te debo muchas

cosas.

-No me debes nada, eres mi hermano. Ahora te dejo con tus

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cosas, hablamos después.

-Vale.- me dice él.

-Estoy deseando verte en la graduación.

-Y yo hermano, ahora duerme que aún es la madrugada allí.

-Hasta luego.- me despido.

-Hasta luego.

Tras colgar continúo sentado en el sofá observando el salón.

Miro las grandes estanterías llenas de libros, la chimenea de

gas apagada que tengo enfrente con la televisión de plasma

colgada encima, los cuadros abstractos que compré hace años

y que me recuerdan a mi infancia, los dos grandes sofás de piel

marrón que forman una U junto al que yo estoy sentado, la

alfombra negra de pelo lanado y la mesa de té que hay en el

centro de cristal opaco. A mi izquierda las grandes puertas

correderas de cristal que dan al jardín, con las cortinas

corridas. A mi derecha, junto a la pared, una modesta mesa

comedor con seis sillas alrededor y otro amplio ventanal que

da a la parte delantera del chalet.

Mi ligue de esta noche me sorprende por la espalda

cortando mis pensamientos y posa sus manos sobre mis

hombros para después deslizarlas por mi torso.

-¡Umm! Me has dejado sola en la cama.- me susurra al oído.

-Ya te dije que solo te traía a echar un polvo, no sé qué

haces aún aquí.- digo sin mirarla.

-Podrían ser dos.- continúa con sus tocamientos.

Me giro para colocarme de rodillas sobre el sofá y

apoyarme en el respaldo para observarla. Tan solo viste la

camisa con la que he salido esta noche, su larga melena rubia

le llega hasta los pechos y con su sonrisa pícara me guiña un

ojo. Se acerca de nuevo para posar sus finos labios en los míos

pero a escasos centímetros la detengo posando mi mano bajo

su cuello.

-Nunca repito.- le digo mirándola a los ojos.

-¿Por qué?- me susurra ansiosa.

-No quiero que piensen que puede haber algo más.

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Ella sonríe incrédula e intenta de nuevo besarme pero

vuelvo a apartarme negando con la cabeza muy despacio.

-Vete.

-Eres un gilipollas.- espeta, gira sobre sus talones y vuelve a

subir por las escaleras.

-Lo sé.

En pocos minutos vuelve a bajar con su vestido negro

ceñido y muy escotado tanto por delante como por detrás, muy

corto, sus tacones de 20 centímetros y un

minúsculo bolso en el que apenas cabe nada. Un look al que

yo denomino “

buscona nocturna

” ya que lo único que les

interesa es pillar a un tío que les pague todo. Y tras una breve

parada en la que gira sobre sus pies insinuando “

ya sabes lo

que te pierdes

” se encamina por el pasillo hasta la salida.

En cuanto cierra la puerta yo me subo a dar una ducha

relajante, no voy a volver a dormir y después debo visitar mi

viñedo.

Bajo la templada agua de la ducha termino por relajarme e

imaginar que la pesadilla al igual que el agua, se va por el

desagüe. Salgo y tras envolver la toalla alrededor de mi cintura

me apoyo en el mármol blanco del lavabo observando en el

espejo las mellas que una noche ajetreada hace en mi rostro.

Las recogidas pupilas dejan ver perfectamente el claro

marrón miel del iris y debo cortarme el pelo que ya me cubre

la frente y las orejas parcialmente. Con el pelo así húmedo y

revuelto recuerdo al niño moreno que un día fui y en como “

el

monstruo

” lo introducía agarrado por el pescuezo bajo la

ducha en agua gélida.

Agito la cabeza para olvidar y desconectar de ese recuerdo,

me seco y del armario vestidor cojo la ropa que hoy llevaré,

chaqueta y pantalón gris claro, camisa negra y la corbata a

juego con el traje. A pesar de ser tan joven, 24 años, jamás me

he visto como tal, “

el monstruo

” me hizo madurar a pasos

agigantados.

Vestido, peinado y engominado me miro por última vez en

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el espejo de cuerpo entero que hay en una esquina de la

habitación.

-Y éste es el nuevo “

Empresario del Año

” que hoy saldrá en

la portada de “

New Ventures

” una de las revistas más

prestigiosas del país.- me digo en alto.

Bajo a la cocina para desayunar y tras cruzar la puerta

blanca de vaivén, Claus y Gilly, el matrimonio que trabaja

para mi al cuidado de la casa y en parte en el mío, me reciben

sonrientes y pletóricos.

-Buenos días.- me saludan.

-Buenos días.

Me acomodo en la mesa y leo a grandes titulares la prensa

de hoy, prensa que Claus se encarga de comprar todas las

mañanas.

-Aquí tienes Troy.- me dice Claus sirviéndome el desayuno.

-Gracias.

Gilly se acerca con una revista en su regazo.

-Felicidades.- dice sonriente.- Sales guapísimo.

Me entrega la revista y ahí estoy yo en la portada, con uno

de los trajes más caros que tengo, un Brioni de 6.000$. Los

brazos cruzados, una mirada penetrante y sobre mi cabeza una

corona que la fotógrafa del artículo quiso que me pusiera. El

titular está en letras grandes e intensamente doradas para

llamar la atención.

“TROY BENSON, EMPRESARIO DEL AÑO Y REY

MIDAS DE LOS NEGOCIOS”

-¡Dios! Voy a parecer un egocéntrico creído.- les digo.

-Para nada, estás guapísimo.- me dice Gilly acariciándome

la mejilla.

Mientras bebo el recién exprimido zumo de naranja, leo el

artículo. Recuerdo el día que me llamaron para avisarme del

nombramiento, un consejo formado por importantes

empresarios habían decidido darme la condecoración. Fue la

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semana pasada. Al día siguiente de la llamada, la revista envió

una redactora, una fotógrafa, un par de maquilladoras-estilistas

y un técnico en iluminación a una de las suites de mi hotel de

5 estrellas de la ciudad. Sonrío al recordar también que días

después me tiré a la redactora… y a la fotógrafa también.

Viendo el resultado debieron quedar muy satisfechas.

-Mi favorita es la foto de la azotea.- dice Gilly sonriente.

En esa foto salgo sentado en un sillón de terciopelo blanco

con un respaldo excesivamente alto donde mi traje negro y mi

pelo engominado resaltan bajo la cálida luz del sol. La

perspectiva que tomó la fotógrafa hace que la ciudad parezca

que está bajo mis pies.

-Cierto Gilly, la fotógrafa sabía lo que se hacía.- le

respondo.

¡Y con un buen polvo se lo pagué! Pienso para mis adentros.

Cierro la revista ojeando una vez más la portada y termino

el desayuno: revuelto de claras de huevo y beicon, tortitas con

chocolate y café con leche.

-Fred ya ha llegado.- me dice Claus colgando el teléfono.

-Gracias. Hoy volveré tarde. El desayuno tan bueno como

siempre Gilly.- le digo dándole un beso en la mejilla.

De camino hacia el coche pienso en lo bien que me tratan

Claus y Gilly, un matrimonio de 60 años que llevan unos 40

felizmente casados. Soy como un hijo para ellos y es de

agradecer ya que ellos no tienen ninguno. ¿Será por eso que

son felices? La expresión de ambos es siempre risueña, sus

pequeñas arrugas del rostro demuestran que siempre han

sonreído, en todas las etapas de su vida y a pesar de que el

cabello blanco empieza a escasear en Claus y la melena

morena de Gilly que siempre lleva recogida en moño se

empieza a canear, los dos parecen más jóvenes de lo que son.

Con la bandolera cruzada por el pecho salgo del chalet, bajo

hasta la verja metálica y abro la puerta da a la calle.

-¡Pero ésto qué es!- me digo deteniéndome en el acto.

Una gran nube de fotógrafos bloquea mi camino hacia Fred

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que se encuentra esperándome con la puerta abierta del Lexus

LS color berenjena. Con un gesto rápido, saco las gafas de sol

de aviador plateadas de la bandolera y me las coloco para

evitar ser cegado por el innumerable aluvión de flashes.

Ignorando sus preguntas camino en dirección a Fred.

¡Señor Benson… aquí por favor! ¡Señor Benson…! ¿Señor

Benson que se siente al ser uno de los empresarios más

influyentes de la costa oeste? ¿Señor Benson está feliz con su

nombramiento? ¿Señor Benson es cierto lo que han escrito

sobre usted en la revista “Al Descubierto”?…

Los reporteros intentan llamar mi atención con un

bombardeo de preguntas pero haciendo caso omiso llego al

coche y entro, Fred cierra tras de mí y solicita a la prensa que

se retire. Gracias a dios que las lunas traseras del coche están

tintadas.

Fred monta al volante.

-¿Pero qué está pasando aquí?- le pregunto guardando de

nuevo las gafas.

-Lo siento Señor, surgieron de la nada.

-Es que no entiendo que hacen aquí. ¿Porque soy

empresario del año?

-Me temo que no solo por eso Señor Benson.

Fred se gira entregándome una revista que lleva en el

asiento de copiloto. Al cogerla, arranca y partimos hacia el

viñedo. Ojeo por encima la portada, es la revista “

Al

Descubierto

” por la que los reporteros me han preguntado.

Aparezco en un recuadro de la portada, vestido casual saliendo

de un “

Starbucks

”, el pie de la foto dice…

El guaperas Troy Benson ¿Empresario del Año?

-Prensa sensacionalista.- digo en voz alta.

-Así es Señor, debería leer lo que dicen.- me aconseja.

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Busco la página donde sale el artículo que han escrito sobre

mí y los ojos como platos al ver la gran cantidad de fotos que

me hicieron al entrar y salir del café, dirigiéndome a mi coche,

montándome, arrancando y saliendo.

“Éste es

Troy Benson

para aquellos que no lo conozcan

y lo acaban de nombrar

Empresario del Año

. ¿Por qué a él?

Os preguntareis, pues bien, aquí os resumimos por encima lo

que en próximas ediciones explicaremos con todo detalle.

El joven y guapo

playboy

californiano al que apodan

Rey Midas

es uno de los empresarios

¡más prometedores de

la Costa Oeste!

a pesar de su corta edad. Según informes,

triplica su gran capital en cada semestre.

Hay rumores, que aún están por confirmar, que dicen

que proviene de una rica y acaudalada familia

estadounidense. Su hermano Drew Benson, otro joven

prometedor, estudia Ingeniería en Nueva York.

Un chico con un gran coeficiente intelectual y que en su

juventud saltó varios cursos de golpe. Graduado por la

prestigiosa Universidad de Stanford en Empresariales y uno

de los pocos, que mientras estudiaba ya constaba con alguna

que otra empresa bajo su cargo.

Otros rumores, esta vez de faldas, cuentan que tuvo un

pequeño affaire con

¡¡Paris Hilton!!

y que tras ella hay una

gran lista de chicas anónimas y no tan anónimas. Si se lo

cruzan en un bar, hay un elevado porcentaje de que terminen

en su cama.

Apuesto, egocéntrico, pretencioso, altanero y poseedor

de una de las fortunas más ostentosas del país… éste es el

nuevo Empresario del Año.

L. Brooks

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-¡¿Que tuve un

affaire

con Paris Hilton?!- exclamo riendo

sin dar crédito.

-Ya lo leí Señor.

-Vamos a hacer un parada antes de ir al viñedo.- le digo.

-Sí Señor ¿dónde vamos?

-A la revista “

Al Descubierto

” quiero hacer una visita al

Señor L. Brooks.

Fred me mira por el retrovisor y afirma. En la intersección

más cercana gira a la izquierda.

Alfred Masser, alias Fred, es mi chófer habitual. Lo conocí

como aparcacoches de mi hotel de Los Ángeles. Rubio de

rasgos sureños, 4 años mayor que yo y con una gran percha

física. Me asombró y lo sigue haciendo lo organizado que es y

cómo se adelanta a cualquier acontecimiento. Siempre está en

el momento indicado y para todo lo que se le necesita.

-¿Sabes dónde se encuentra esta revista?- le pregunto al ver

que no duda en tomar las direcciones.

-Sí Señor, también debe saber que es una revista de tirada

nacional.

¡Genial! Pienso irónicamente, deberé llamar a Drew para

que no le pille todo esto de imprevisto.

-¿Sabías que te diría de ir?- le pregunto.

-Cabía la posibilidad Señor.- contesta sonriente.

Deteniéndose en el arcén de un pequeño edificio de ocho

plantas, acciona las luces de emergencia y veloz se baja para

abrirme la puerta. Con paso decidido entro en el bloque con la

revista enrollada bajo el brazo, detrás mía viene él.

El edificio dispone de un control de seguridad al que ignoro

completamente y paso de largo, los guardias de seguridad

salen del mostrador para interceptarme pero Fred los bloquea

alzando las manos y deteniéndolos. Al acercarme al ascensor

observo el letrero donde se especifica las oficinas que hay en

cada planta. “

Al Descubierto

” planta 8.

-¡Disculpe Señor pero no puede subir sin identificarse en la

entrada!- grita uno de los de seguridad intentando apartar a

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Fred de en medio.

-¿Es que acaso no sabe quién es?- le responde mi chófer.

Las puertas del ascensor se abren y entro en el interior, Fred

viene conmigo.

-Planta 8.- le digo sin dejar de mirar a la seguridad del

bloque.

-¡Llama a la policía!- veo como le dice uno al otro.

Llegamos a la octava planta y salimos a un pequeño rellano.

La entrada está a la izquierda tras dos puertas de cristal

semitransparente. Fred se adelanta para abrirme una de ellas y

al entrar me topo con la recepción.

Tras el blanco mostrador hay una joven rubia bastante

atractiva cargada de papeles y que al verme se le caen por la

mesa. Me mira estupefacta cuando me acerco.

-Quiero hablar con el Señor Brooks.- le digo.

-¿El Señor Brooks?- pregunta perpleja.

-Sí, sobre este artículo que ha escrito sobre mí.- le digo

mostrando la revista.

Comienza a buscar sonriente el teléfono que se encuentra

sepultado bajo la gran cantidad de papeles que se le han caído

y una vez en sus manos, teclea un número.

-¿Estás libre?… Alguien quiere hablar contigo sobre un

artículo que escribiste y que se ha publicado hoy… Se trata del

Señor Benson… Sí, el mismo… Te lo digo muy enserio… Vale.-

dice la recepcionista mientras me mira de arriba a bajo.

La joven cuelga el teléfono y sale de detrás del mostrador

con una amplia sonrisa en la que se aprecian todas sus piezas

dentales.

-Por aquí por favor.- me dice para que la siga.

-Esperame, no tardaré.- le digo a Fred.

-Sí Señor.

Sigo a la recepcionista que viste un ceñido vestido blanco y

mientras cruzamos la oficina, todos los reporteros que trabajan

allí me observan incrédulos. Un fuerte aroma a café alberga

toda la oficina. Me lleva hasta la puerta de un despacho donde

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en un pequeño cartel rojo se lee “L. Brooks”, llama y abriendo

la puerta me hace pasar.

El despacho es minúsculo con una pequeña ventana que da

a un callejón, paredes de pladur marrones, una estantería con

algún que otro libro, el escritorio con un ordenador, numerosas

carpetas de colores apiladas y un par de cuadros con la primera

y segunda portada de la revista que fechan de varios años

atrás. Tras el escritorio una joven, más o menos de mi edad

calculo yo, aguarda de pie. Al verla, mi corazón da una fuerte

sacudida.

¡Joder! De larga melena morena que recoge en moño

atravesado por un lápiz, viste unos ajustados vaqueros y bajo

su camisa de cuadros roja y marrón, la cual lleva los botones

de arriba sueltos, se ve una ajustada camiseta blanca de

tirantes. Ojos color avellana que destellan al verme y unos

perfectos labios que se curvan en sonrisa enseñando

parcialmente sus blancos dientes.

Me impacta ver que no es un hombre como esperaba y que

es tremendamente atractiva.

-Laura Brooks, encantada de conocerle.- me saluda cortés

estirando la mano.

-Troy Benson.- se la estrecho.

Su mano es muy suave y casi no puedo soltarla. ¡Joder!

¿Qué me pasa? Vale, yo me esperaba a un tío y me encuentro

con un bellezón pero sigo igual de cabreado por las

gilipolleces que ha escrito sobre mí.

-Siéntese por favor. Asique quiere hablar del artículo.- dice

acomodándose en su acolchada silla negra.

-Exacto.- le digo sentándome.- Me gustaría saber de donde

ha sacado esa información que ha publicado.

La Señorita Brooks sonríe y entrelaza las manos sobre su

regazo.

-Eso es confidencial Señor Benson, lo lamento… si ha

venido por eso pierde su valioso tiempo.

-¿Cuánto lleva trabajando aquí? Parece muy joven.

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-No mucho.- contesta pero sin detallar.

-Debe ser muy buena en lo que hace para tener despacho

propio.

-Lo soy, me he esforzado mucho para lograrlo.

La miro a los ojos y presiento que por mucho que lo intente,

voy a seguir topándome contra un muro y no conseguiré

sonsacarle su fuente.

-Bien, no dispongo de mucho tiempo…- digo mirando el

Rolex Submariner de acero con disco Cerachrom verde jade

que mi hermano me ha regalado en este pasado cumpleaños.-

Lo que ha escrito en su artículo es una falsedad aparte de

injurioso por los apelativos que aplica a mi persona sin

conocerme, si realmente aprecia su trabajo y esta revista, más

vale que en el próximo número rectifique y no escriba más

sobre mí o mi ejercito de abogados la mantendrá ocupada

durante muchos… muchos… años.

-¿Me está amenazando Señor Benson?- dice apoyándose en

el escritorio.

-De ninguna de las maneras, tan solo le aviso Señorita

Brooks.

-Buenos días.- me despide cabreada alzándose con las

manos apoyadas sobre la mesa.

-Buenos días.- le respondo ajustándome la corbata.

Salgo del despacho y regreso a la recepción donde Fred se

encuentra hablando con un par de agentes de policía.

-¿Qué ocurre Fred?

-La seguridad del bloque los llamó pero ya está todo

aclarado Señor.- me dice.

-¿Entonces podemos irnos?

-Sí Señor.

Los agentes nos dejan paso sin apartar la vista de mí. ¡Sí,

soy yo chicos!

-¡Adiós Señor Benson!- grita la recepcionista cuando salgo

de la oficina.

Entramos en el ascensor y las puertas no tardan en cerrarse.

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-L. Brooks es una chica.- comento a Fred mirándole de

reojo.

-Vaya.- dice sorprendido.

-Y es… muy sexy.- le digo con gran intensidad lo que le

hace sonreír.

Mientras bajamos recuerdo esos escasos minutos que he

pasado frente a Laura Brooks, en lo excitante que es su suave

tono de voz, en lo bien que le queda ese lápiz atravesado en su

pelo, en como me gustaría soltárselo…

El ascensor llega a la planta baja y salimos del edificio bajo

la atenta y enojada mirada de los guardias de seguridad. Al

montar en el coche, suena mi móvil.

-Hola Jack, he tenido que hacer una breve parada pero voy

para allá.

Jack Rice es el que controla toda la finca, tanto el viñedo

como la bodega. Confío en él plenamente porque sabe lo que

se hace, entiende la elaboración del vino, le apasiona, yo en

cambio controlo muy poco del tema a pesar de que mi abuelo

materno disponía de un gran viñedo en Oregón con su perfecta

bodega y ese vino… era un manjar y por ello estaba tan

solicitado. Si por algo decidí comprar este viñedo fue por mi

abuelo y gracias a él. Los pocos recuerdos buenos que tengo

de niño son la mayoría con mi abuelo en esos terrenos. Le

apasionaba realmente el vino, las catas y degustaciones, que

las instalaciones fueran perfectas para que el vino fuese

excelente, que la uva fuese de la mejor calidad, el

embotellamiento, el tipo de corcho para las botellas, el

etiquetado… Cuando me dieron la noticia de su fallecimiento,

dejé de ir al viñedo.

El coche se detiene haciéndome un gran favor ya que me

corta de los recuerdos de mi infancia, recuerdos felices que

ahora con el paso del tiempo duelen como cuchillos

atravesando mi piel. Fred baja la ventanilla del coche y teclea

el número en el panel para abrir la verja de la finca. Una vez

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abierta entramos y nos dirigimos a la bodega, allí en el exterior

aguarda Jack. Viste un traje azul marino sin corbata y camisa

blanca. Se me hace raro verlo elegante pero es porque hoy

vamos a hacer una cata de un nuevo vino espumoso que

queremos sacar al mercado en breve. Jack está tremendamente

nervioso y se pasa las manos constantemente por su pelo corto

castaño. Sus ojos negros transmiten ilusión y eso me contagia

a mi también.

Los tipos de cepas que tenemos en el viñedo son

Chardonnay

y Cabernet Sauvignon

, dos tipos de uvas

excelentes que nos dan unos vinos de gran categoría pero para

realizar el espumoso necesitamos uva

Pinot Noir

y gracias a

Jack hemos conseguido surtirnos a un coste ínfimo, casi

regaladas.

Jack me recibe con los brazos abiertos, ha llegado el día que

tanto esperábamos. Antes de entrar a la bodega inspiro fuerte

el embriagador aroma a tierra, madera y uva… el aroma a

vino… el aroma que me recuerda a mi abuelo.

-Vamos, nos están esperando.- me dice Jack.

-Fred, ven con nosotros.- le digo sorprendiéndolo.

Entramos en el edificio que al comprar la finca mandé

reformar de una forma no muy agresiva, quería que

mantuviese su aspecto antiguo, su identidad como bodega y en

lo alto y clavado en la pared el letrero “

Bodega Hermanos

Benson

”. La llamé así porque a pesar de que a mi hermano no

le motiva el sector del vino y que yo sea el dueño de todo esto,

él es mi única familia y tiene derecho a todo lo mío, aunque él

no quiera o no lo necesite.

Subimos directamente a la planta de arriba donde nos

esperan los posibles compradores del nuevo vino espumoso,

Jack sabe que mi sola presencia ya es favorable. Va a resultar

que sí soy influyente.

Al entrar a la sala de reuniones nuestros invitados se giran

para recibirnos, acompañados por la dulce ayudante de Jack,

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Tania. Una chica joven algo interesada, de melena pelirroja y

ojos claros, con la que también he compartido una noche de

intimidad.

-¡Troy!

-Señor Meyer. ¿Cómo está?- digo estrechándole la mano

efusivamente.

-Ansioso por probar tu nuevo vino pero antes de nada,

felicidades por el nombramiento como Empresario del Año.-

me dice golpeándome el hombro.

-Muchas gracias, la verdad no me lo esperaba.

Jack también me da palmadas en la espalda sonriente.

-¿Qué tal le va a John?- le pregunto.

John es el hijo mediano del Señor Meyer, estudió conmigo

en Stanford y es un joven muy aplicado que promete llegar

lejos como su padre en los negocios.

-Que puedo decirte… se ha echado novia y lo trae por el

camino de la amargura pero bueno… ahí sigue en la empresa

conmigo. Quería venir pero había discutido con la novia y no

podía quedarse así durante los tres días que vamos a estar por

aquí. Hace poco me ha llamado para que te de recuerdos y

felicitaciones.

-Dale recuerdos de mi parte también y por lo de la novia…

ya conoces el dicho “

Tiran más dos tetas que dos carretas

”.- le

contesto riendo.

-¡Qué razón tienes! ¿Tú no tienes ninguna chica que te

maneje a su antojo?

-Nada serio, nada serio.- le digo negando con la cabeza.

Después de la breve charla con el Señor Meyer, el cual me

trata como a un hijo, saludo a sus dos acompañantes. Thomas

y William, dos jóvenes uno o dos años menores que yo,

trajeados y con pinta de tiburones empresariales. Apuesto que

estos me van a dar guerra en la negociación pero si por algo

tengo el patrimonio que tengo es porque soy duro de roer.

-¿Nos sentamos?- dice Jack.

Me siento en el centro de la mesa de pino ovalada con Jack

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y Fred a izquierda y derecha. Frente a mí el Señor Meyer entre

sus acompañantes. Jack hace un gesto a Tania y ésta sale de la

sala para regresar en minutos con una bandeja en la que lleva

una botella del vino espumoso y siete copas. Las deja en la

mesa y Jack me pasa la botella para que haga los honores de

descorcharla mientras el reparte las copas. Observo la botella,

por fin ha llegado el día y espero que sea delicioso, las últimas

catas fueron buenas. La etiqueta, al igual que en el resto de

vinos, consta de una foto del viñedo con la bodega de fondo en

pleno amanecer y las letras en bronce “

Bodega Hermanos

Benson

” y debajo “Vino Espumoso

”. Quito el aluminio del

corcho…

-¡Por un nuevo triunfo!- alzo la voz descorchando la botella.

Vierto el vino en las copas, en las siete ya que Tania

también merece probarlo y tras brindar con el Señor Meyer, lo

catamos.

El sabor es suave y entre el burbujeo y el frescor queda un

gusto exquisito, después del primer sorbo es imposible no dar

un segundo. El Señor Meyer no dice nada, tan solo bebe y

mira de vez en cuando a sus acompañantes.

-Cerremos los acuerdos porque ya tenéis comprador.- me

dice al cabo de un rato sonriente.

El Señor Meyer posee una de las empresas de distribución

nacional más importantes del país. Todo el mundo intenta

hacer negocio con él a sabiendas de que si tienes un buen

producto y a él le gusta, el negocio será muy rentable y no es

por presumir pero mis vinos… son exquisitos. El nuevo

espumoso será la revelación del año.

El padre del Señor Meyer hacía negocios con mi abuelo y él

también tuvo la ocasión de conocerle ya que entró desde muy

joven en la empresa. John y yo nos conocimos en Stanford y al

hablar descubrimos que su padre y mi abuelo se conocían. Soy

consciente de que si el Señor Meyer ha hecho negocios

conmigo es porque aparte de que soy amigo de su hijo,

conocía a mi abuelo pero también sé que antes que amigos

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somos hombres de negocios.

-Bueno antes de firmar nada tenemos un pequeño aperitivo

en la sala contigua, si son tan amables de acompañar a Tania.-

dice Jack educado.

Mientras el Señor Meyer y sus acompañantes siguen a la

secretaria a la sala 2 de reuniones, Jack me detiene para darme

un fuerte abrazo de alegría.

-Eres cojonudo Jack, está buenísimo y han alucinado.- le

digo.

-Ahora solo tienes que sacar el tiburón que llevas dentro

para la negociación.

Fred también nos felicita por la excelente calidad y los tres

nos dirigimos al aperitivo que consta de productos españoles

que la familia de Jack le manda de vez en cuando desde

España. Jamón ibérico de pata negra, quesos variados y un

gran surtido de embutidos. Todo esto acompañado por un par

de botellas de nuestro vino tinto.

Terminado el aperitivo, llevamos al Señor Meyer y sus

acompañantes a la bodega para una visita rápida ya que no es

la primera vez que el padre de John está aquí. Siempre le

impresionan las instalaciones y me felicita varias veces.

Tenemos la gran suerte que la bodega se mantiene y se mejora

con sus propios beneficios aunque en caso de emergencia

siempre disponemos de mi capital.

De vuelta en la sala 1 de reuniones comenzamos a negociar

el trato. Los ayudantes del Señor Meyer comienzan a activarse

y sacar al tiburón que llevan dentro, si son dignos de

acompañarle seguro que es porque son muy cabrones. Jack les

entrega los informes de la bodega donde se especifica el nivel

de producción que tenemos, el porcentaje de aprovechamiento

de las cepas, unas gráficas que representan el ascenso de las

ventas de nuestros vinos… Los dos se miran entre ellos y me

hacen la primera oferta por el espumoso. Miro el papel que me

hacen llegar y tras un vistazo rápido me niego a aceptar esas

condiciones. Observo al Señor Meyer mientras devuelvo los

17

papeles a sus chicos y me sonríe transmitiéndome más

confianza en mí mismo.

-Señor Benson, esto es lo máximo que podemos pagarle por

botella, son un viñedo pequeño que aún está por expandir.-

dice Thomas pasándome una nueva oferta.

¿Pequeño? ¡Tengo doscientas hectáreas de terreno y otras

cincuenta por adquirir! Me siento abofeteado pero cojo los

papeles para revisar la nueva oferta.

-Lo siento pero mi respuesta sigue siendo negativa.- le digo.

-Señor Benson, debe entender que “

Meyer Distributions

es una empresa nacional y su viñedo es bastante pequeño

como para salir del mercado californiano o como mucho del

de la costa oeste. El 80% en aprovechamiento de la uva es

algo… sorprendente por no decir sospechoso.- comenta

William.

-¡¿Sospechoso?!- exclamo perplejo.

-Francamente sí Señor Benson, la mayoría de las bodegas

logran un 70 o 75% y eso es un porcentaje muy elevado. El

baremo está entre el 60 y 70% del terreno pero eso teniendo en

cuenta los posibles problemas que los viñedos suelen tener.-

continúa William.

-Lo único que queremos que entienda es que la empresa es

muy importante como para que nos quedemos sin su producto

por algún tipo de percance como una plaga, unas malas

condiciones atmosféricas o algo por el estilo. Todo eso deben

tenerlo en cuenta a la hora de calcular el porcentaje de

aprovechamiento de las cepas.- añade Thomas.

Rabioso de que estos dos pelotas intenten impresionar al

Señor Meyer, exploto.

-Compré esta bodega con 17 años, con 18 mi vino se vendía

por toda la costa oeste y a los 19… vuestro jefe aquí presente,

vino personalmente a hacer negocios conmigo… así que no

William… no se te ocurra insinuar que os intento estafar

porque no pienso consentirlo. ¿Habéis tenido algún problema

con mis otros vinos?

18

-Ninguno Señor.- palidece William.

-Está claro que solo veis un chaval de 24 años que ha

debido tener un golpe de suerte y que gracias a la familia de la

que proviene está donde está… Con esa mentalidad jamás

seréis grandes empresarios y me complace deciros que me he

dejado la piel en cada empresa que tengo a mi cargo, que no

me interesa lo bueno sino que busco lo excepcional. Estos

informes son correctos porque yo mismo me encargo de que

así sean y si les parece poco que perdamos un 20% de nuestras

uvas, les aviso que los 600 empleados que trabajan para mí

aquí, están cada día más preparados para que ese porcentaje

disminuya todavía más. Este viñedo está más que de sobra

preparado para el mercado californiano, el de la costa oeste y

el nacional… y voy a seguir dejándome piel y sangre, al igual

que mis empleados, para salir en un futuro al mercado

internacional.- me desahogo.

Ambos me observan impactados y enmudecidos pero no son

ellos con los que debo tratar por lo que dirijo mi mirada hacia

el padre de John.

-Usted y yo sabemos que nuestros vinos van a ser de los

más solicitados en muy poco tiempo y que lo que le pedimos

por botella es ridículo en comparación con lo que va a ganar.-

digo arqueando una ceja.

El Señor Meyer me observa con semblante serio sin apartar

su mirada de la mía. En cierto modo impone, me recuerda a

Marlon Brando

en “El Padrino

”. Su pelo moreno ya canoso

repeinado hacia atrás, una papada cada vez más prominente,

ojos negros como el carbón, su fino bigote… se reclina sobre la

mesa sin cambiar la expresión.

-Eres un verdadero hijo de perra en los negocios… pero

estoy de acuerdo. No me sorprende en absoluto que te apoden

Rey Midas

” y que todo lo que toques lo conviertas en oro…-

dice sonriendo y estrechando mi mano.- Trato hecho, en dos

semanas tendrás aquí los camiones.

-De oro nos vamos a hacer usted y yo Señor Meyer.

19

-Estoy seguro de ello. Como siempre un placer hacer

negocios contigo, llámame si sacas nuevos productos.

-Lo haré.- le digo sonriendo.- Tania, trae tres lotes de vino

para los caballeros como regalo de la casa.

-Ahora mismo Señor Benson.

Los acompañamos hasta el coche, un Mercedes CL 65 AMG

plateado, el lujo materializado, con 630 caballos nada más y

nada menos. Thomas guarda el vino en el maletero y se monta

de copiloto. El Señor Meyer antes de montar detrás se gira

hacia mí.

-Tienes dos buenos perros de presa.- le digo.

-Sí pero los cambiaba por uno como tú. Tu abuelo estaría

orgulloso de ti.

-Gracias y tenéis a vuestra disposición el Hotel Benson L.A

para estos días.

-No esperaba menos de ti.- sonríe Meyer.

Tras estrecharnos las manos efusivamente el Señor Meyer

monta en el coche y salen de la finca. Sacó el móvil del

bolsillo interno de la chaqueta y llamo a Mara, la imponente

directora de mi hotel de Los Ángeles.

-Dime Troy.- contesta al primer tono.

-Mara, un cliente muy especial va a alojarse unos días allí.

-De acuerdo, le reservo la suite imperial. ¿A qué nombre?

-John Meyer, todo por cuenta de la casa, lo que pidan.

-Muy bien Troy, sin problema.

-Gracias, un día de estos pasate por la oficina y charlamos.

-Sí, la próxima semana voy.- me dice.

-Bien, ciao.- cuelgo.

Me giro y observo que Jack está hablando con Fred y

señalando las cepas, el entusiasmo que desprende es

contagioso. Al mirarme sonríe a sabiendas que el trato que

acabamos de hacer es sin duda mejor de lo que esperábamos.

-Bueno pues nosotros nos vamos ya.- le digo a Jack cuando

me acerco a ellos.

-Voy a por el coche Señor.- me dice Fred dejándonos a

20

solas.

Jack no deja de mirarme sorprendido.

-¿Qué ocurre?- le pregunto intrigado.

-Nada… es que por muy bien que te conozca siempre me

sorprendes.

-¿Lo dices por el contrato? Tú y yo sabemos que lo que dije

es verdad y él sabe que si no me lo paga, habrá otro gustoso en

hacerlo.

-Les diste caña a Willy y Thomy.- dice sonriente.

-Me fastidia que me traten como un chaval que no sabe de

lo que habla ni lo que se hace.

-Ahora ya sabrán el gran empresario que eres.- dice pasando

su brazo por mi cuello.

Jack me acompaña hasta el coche comentando y riendo

sobre las caras que pusieron los acompañantes del Señor

Meyer cuando me negué con esa generosa oferta para pedir

más o cuando saqué mi tono amenazador sobre William.

Hecha la despedida me acomodo en la parte trasera del

coche.

-¡Buf! Estoy agotado.

-Si quiere puede dormirse Señor, le despertaré cuando

lleguemos.

-Gracias Fred pero no te preocupes, aguantaré.

-Le pondré la radio Señor.

Fred enciende la emisora y localiza una frecuencia

exclusiva de canciones. Recuesto la cabeza en el asiento y al

mirar a mi izquierda veo la revista “

Al Descubierto

” ahí tirada.

La recojo y tras ver de nuevo mis fotos y el artículo, sonrío al

recordar el encuentro con Laura Brooks… la excitante Señorita

Brooks.

-¡Hum! Apuesto, egocéntrico, pretencioso…- río.

-¿Dice algo Señor?

-No, nada, estaba leyendo en alto.- digo guardando la

revista en la bandolera.

-Seguro que la Señorita Brooks rectifica Señor.

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-No sé, parece dura de pelar.

Fred me mira por el retrovisor a sabiendas de que la chica

ha causado un fuerte impacto en mí.

Al llegar a casa veo que la prensa sigue esperando ahí.

-¡¿Joder, es que no se van?!- exclamo.

-Espere Señor que le abro la puerta.

-No Fred, no te preocupes.

-¿A que hora paso mañana a recogerle?

-Mañana no creo que salga de casa y menos con estos aquí

esperando.

-Pero mañana tiene la gala de Empresario del Año, Señor.

-¡Joder! Ya no me acordaba, creo que tengo que estar en el

Ritz sobre las ocho de la tarde.

-Perfecto Señor, le recojo a las siete y media, llamaré para

que me abra la verja y así poder entrar con el coche hasta su

casa y evitamos la prensa.

-Gracias Fred.

Bajo del coche y la multitud de periodistas comienzan a

hacerme fotos una vez más y nuevas preguntas. Por suerte

ahora estoy más preparado y los cruzo veloz empujando si

hace falta. Abro la puerta de hierro y la cierro veloz tras de mí.

Entro en casa. ¡Hogar, dulce hogar!

-Querido ¿ya estás aquí?- dice Gilly al verme.- No hacen

más que mencionarte por televisión.

-Fuera hay un ejercito de periodistas.- le comentó tirándome

en el sofá. ¡Oh!

-Tienes mala cara ¿te encuentras bien?

-Sí, solo estoy cansado porque pasé mala noche.

-¿Otra vez pesadillas?- me pregunta preocupada.

-Sí, no entiendo por qué vuelven, llevaba días durmiendo

del tirón.

-Has estado muy nervioso con lo del nuevo vino, puede que

se deba a eso.

-Cierto Gilly, puede que tengas razón.

-Bien, ahora sube a ponerte ropa más cómoda y baja a cenar.

22

Desabrochándome la corbata hago lo que me dice. En mi

habitación me quito la ropa y la dejo sobre la cama. Entro al

baño y tras meter en el cubo de la ropa sucia el bóxer y los

calcetines, entro a la ducha. Debo ir al quiropráctico la

próxima semana ya que vuelvo a tener contracturas por todos

lados, regalo que me ha dejado “

el monstruo

” de por vida.

Bajo a la cocina mucho más relajado y cómodo, no hay

nada como andar por casa con camiseta y pantalón de pijama.

-Buenas noches Troy.- me saluda Claus.

-Buenas noches.- contesto sentándome a la mesa.

Claus y Gilly viven en la casa de invitados que hay pegada a

mi casa y siempre comen o cenan después de mí y haberlo

dejado todo recogido.

Cuando tengo invitados o Drew viene a verme, en la

segunda planta del chalet dispongo de cuatro habitaciones y

dos baños.

La tercera planta es exclusiva para mí, aparte de Gilly y

Claus o mis ligues nocturnos, rara vez subo con alguien y se

divide en tres estancias. Mi cuarto es la más grande ya que

incorpora un amplio baño con ducha y jacuzzi y un gran

armario vestidor, balcón de cinco metros cuadrados aparte. La

siguiente es una zona de ocio, con un amplio sofá negro frente

a un televisor de plasma de sesenta pulgadas, una pequeña

licorería en un rincón y en el otro extremo dos guitarras, una

española y otra eléctrica junto con su bafle y un modesto

órgano con una silla. La última estancia es la más pequeña, un

despacho simple con su escritorio y ordenador, una caja fuerte

acoplada en la pared y un armario archivador donde guardo

toda la documentación y el papeleo, cerrado con llave.

-¿Te pongo algo más?- me pregunta Gilly al ver que he

dejado el plato impoluto.

-No gracias, ya estoy saciado.- le sonrío.

Cojo la copa de vino y la botella y me dirijo al salón, hoy no

tengo ganas de mambo así que veré la televisión antes de irme

a la cama, espero que pongan algo interesante para ver.

23

Enciendo y hago zapping hasta que doy con una noticia que

me sorprende y me provoca carcajadas. La interesante y

excitante Laura Brooks es abordada a la salida de su trabajo

por un gran número de reporteros.

“-¡Que no voy a decir nada, no soy un personaje!”

“-¿Laura es cierto que Troy Benson vino a verte para

hablar del artículo?”

“-¡Dejadme por favor!”

-Donde las dan las toman.- digo sonriente mientras bebo

más vino.

Pero verla hace que aumente mi excitación e interés por

ella. ¡Dios, tengo que volver a verla!

Estoy concentrando mirando a Laura montarse en un taxi

cuando el teléfono de casa me desconcentra.

-¿Sí?- descuelgo.

-Troy soy yo.

-¡Drew, joder quería llamarte pero se me va la cabeza!

-¿Ibas a avisarme sobre los periodistas?

-Sí. ¿Ya están dándote la murga?

-Un poco pero nada que no pueda controlar. No pensé que

por nombrarte Empresario del Año se armaría este revuelo.

-No es solo eso, una revista ha sacado un artículo de

bastante mal gusto en el que sales nombrado y eso ha soltado

la carnaza para estas hienas. Hoy fui a hablar con la que lo

escribió y le dije que rectificara o acabaríamos en los

tribunales.

-¡Vaya!- exclama.

-Espero que lo haga porque me temo que no es demandable,

algunas cosas que dice son verdad pero eso no se lo iba a

decir.- le confieso.

-Bueno al menos con tu visita has conseguido que a ella

también la atosiguen.

-Sí.- rompo a reír.- ¿La has visto?

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-¡Hum! Como para no verla… está buena.

Continúo riendo con el comentario de Drew más que nada

porque tiene razón.

-Pero seguro que tú ya le tienes el ojo echado.- sigue

diciendo.

-Bueno… quizá… – intento no parecer tan interesado.

-No te hagas el desinteresado conmigo Troy que te conozco

muy bien. Ve por ella, no lo dudes. Apuesto que en cuanto te

vio en persona se le cayeron las bragas al suelo.- comenta

jocoso.

-¡Joder, qué bruto!- río de nuevo.- Pero te mantendré

informado.- termino por decirle.

-Bueno y aparte de tu visita a la periodista macizorra ¿qué

has hecho hoy?

-Pues he cerrado un gran trato con el Señor Meyer.

-¿Ah sí?

-Sí, nos compra el vino espumoso a un precio superior al

que podíamos pedirle pero no sé que me pasó… vino con dos

prototipos a tiburones empresariales y… sentía que me miraban

incrédulos de como un chaval como yo podía ser el gran

empresario del que tanto hablan y eso me jodió… me jodió

muchísimo y quise darles en los morros.

-Bueno no te preocupes, el Señor Meyer se lo puede

permitir… además estoy seguro que el vino se merece lo que

van a pagar.

-La verdad es que sí, está muy bueno… muy suave… se bebe

como el agua.

-Tengo ganas de probarlo.- dice ansioso.

-Ya te voy a mandar un par de botellas.- le digo.

-Mejor traelas para mi graduación… así brindamos.

-¡Genial, claro que sí! ¿Es en dos semanas no?

-Sí, cae viernes…- suena un timbre.- Es Kith, nos vamos a

tomar unas cañas.

-Vale, pasalo bien. ¿Oye, necesitas dinero o algo?- me

pongo en plan hermano mayor.

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-Troy… tengo más que de sobra de la herencia y la venta, ya

no debes preocuparte tanto por mí.

-¡Ais!- suspiro.- Lo sé, perdona, a veces soy muy pedante.

-Venga que no pasa nada, que duermas bien y ya sabes que

en caso de… llámame sin problemas.

-Confío en que hoy dormiré bien.- le contesto a sabiendas

que se refiere a las pesadillas.- Saluda de mi parte a Kith.

-Vale, hasta mañana hermano.

-Hasta mañana hermano.- me despido y cuelgo.

A veces pienso en que si nuestra infancia no hubiese sido

tan terrible, nuestros lazos fraternales no serían así de fuertes.

Dejo el teléfono en la carga de batería y apagando la tele me

dirijo a la cocina a dejar la copa y la botella de vino que con la

tontería me la he bebido entera. Me dispongo a salir de la

cocina cuando de la ventana veo que Claus y Gilly están

bailando en la casa de invitados. Absorto los observo moverse

al compás de alguna canción lenta, sonriéndose mutuamente.

Ella apoya sus manos en los hombros de él y después la

mejilla al pecho. Él la rodea con sus brazos y posa su barbilla

en la cabeza de ella. Todo sin dejar de balancearse. Se les ve

tan felices, yo quiero ser igual de feliz. Agito la cabeza para no

entristecer y pasándome las manos por el pelo marcho a mi

habitación.

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